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© Juan López-Carrillo – Todos los derechos reservados / Ilustraciones fondo de pantalla de Alfredo Gavín / Fotografías encabezado "Inicio", "Libros", "Poemas" y "Prosas" de Francesc Fernández

«Con Diómedes Cordero y Krasimir Tasev por Tarragona», fotografía de la sección FOTOS de la página web de Juan López-Carrillo

Con Diómedes Cordero y Krasimir Tasev por Tarragona

 

No es que Krasimir no esté, está, pero no se le ve: es él hispanista quien hace la foto a los dos sonrientes paseantes, y él también es quien aparece en otras fotos de esa jornada por Tarragona —una mañana, creo, de 2008, aunque igual fue de 2009—, pero ahora no las encuentro. Igual las perdí... Así que la próxima vez que nos veamos nos las volveremos a hacer y procuraré ser más cuidadoso. Y ojalá esas futuras fotografías también sean una realidad junto con Diómedes, con quien no me río desde un ya lejano día de 2010 y que por mis amigos fue llamado el día, «La boda de Juanito».  Por la «Egoteca» de esta página web dejé escrito: «En mi cincuenta cumpleaños invité a mis amigos y a mi familia al convite más parecido a una boda que en mí podían algún día alcanzar a ver, y así quedó nominado el evento por parte de los invitados: asistirían a "La boda de Juanito", por muy cumpleaños que fuese. Mas sin novia. Tampoco hubo noche de bodas... que yo recuerde.» En fin, que desde hace ocho años no tengo la oportunidad de darle un fuerte, fraternal y afectuoso abrazo a mi queridísimo amigo venezolano, ojalá que no pase mucho más tiempo para volver a repetirlo. Ah, me olvidaba, mencionar un hecho importantísimo de ese encuentro tripartito: como es menester nos fuimos a almorzar a un buen restaurante de Tarragona (Diómedes y Krasimir recordarán que el suelo de aquel lugar, sus piedras y las paredes que nos envolvieron procedían de los tiempos de los romanos, pareciera que en cualquier momento don Julio Cesar se iba a mostrar ante nosotros para contarnos sus batallitas en las Galias...) y yo pedí, comí, a esto me refería, por primera vez en mi vida, avestruz... Y creo que este hecho debía mencionarlo. Estas cosas, aunque no lo parezcan, dan a veces detalles muy importantes y reveladores sobre el devenir creativo de un poeta y pueden influir más en su estilo que una lectura intensa de gramática generativa antes de coger el sueño o una estancia en Harvard, en Guantánamo o en el monasterio de Poblet haciendo el pino... la verdad es que no sé muy bien a qué se deben estos últimos pensamientos, será que llevo un buen rato tomándome unos buenos tragos de un buenísimo ron venezolano, Santa Teresa reserva para ser exactos, que no hace mucho unos amigos —larga vida les deseo— me regalaron, será que ya me puse del todo creativo, juanítico y vacilón...

Con Diómedes Cordero y Krasimir Tasev por Tarragona

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